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Preludio:


"Si quieres aprender español, no contrates un profesor de español: lee a un poeta".

Sigfrud, Freund


Un domingo cualquiera...


Irina no me lo va a perdonar. Algo le voy a decir para que comprenda que superé la rabia. Su último reclamo fue tan desmedidamente injusto que cualquier palabra que le diga, debe ser cuidadosamente pronunciada. Irina es orgullo, es terquedad, por eso me enamoré de ella. Ninguna de sus obstinaciones me contuvo, al contrario, me inspiraron siempre...


En el Refugio, sin la rigurosidad de lo ordinario, sin la obstinación por la limpieza; ya comenzó la fiesta.


Los únicos que faltan son Frank y Daniel. Irina ya comprobó que la colección de condones se va a vencer y no hay mejor uso que saturarlos de pequeños pentagramas elaborados con la suave sensibilidad de sus dedos. Cuando exploten desde el oscuro techo y una lluvia de canciones, sin armar, se desmorone sobre las cabezas de sus invitados, todos sabrán que es un sí definitivo. La mejor noticia que el despistado percusionista puede recibir es que, por fin, van a adoptar a la niña.


En el salón cuatro se despiden los hipócritas amigos del banquero. Aquellos que a sus espaldas le dijeron "avaro" y hoy se conduelen. Hay pocas lágrimas verdaderamente sinceras. Pueden contarse tres familiares directos del difunto; los que sí tomaron el avión a tiempo. Separadas por un grupo de actores y un gerente, dos mujeres que suman ya su tercer divorcio cada una, miran a la otra, como si se miraran a sí mismas. Ninguna de ellas podrá confirmar si "El Frío" la quiso más, o menos. Eso ya hace parte de la eternidad y sus obstinados silencios.


Ninguno de los presentes está tan solo como Daniel. Para cumplir con el contrato, debe fingir que la pieza musical interpretada significa despido, duelo. No sería justo con la memoria del difunto que se enteraran que esta pieza romántica es más torbellino, más tormenta, vértigo y es menos llanto y mucho menos despido.


Lo que el violinista realmente quiso eternizar en el pentagrama, sí, el pentagrama ese inconcluso; es el vértigo que le produjo aquella mirada de Irina, cuando le confesó su sueño de abandonar su vida, exiliarse en un país tranquilo, terminar por fin la escultura y emprender el mejor restaurante de comida asíatico-colombiana de Ciudad de México. 



Ninguno de los planes se cumplirá exactamente como Irina y Frank imaginaron. Ninguno conoce completa la tragedia de la niña. Ninguno intuye las preguntas que hará cuando quiera reconocer su origen...


Plaaaaaaz, el primer pentagramita cae sobre el cabello rubio que la novia de Daniel. Lara no ha querido matizarse con ningún tinte. A ella no le preocupa su tardanza o su posible inasistencia. Hay un mes más de comida en la alacena y este no es momento de limpiar la mirada. Es la fiesta de la vida. 


-Iri, no pude llegar, sorry. hagan vid...

-Dile al pesado ese de tu marido que no vuelva a renunciar, el ensayo es el martes. Mua


Esta historia continuará cualquier domingo...   

Violinista Epojé Club.
Violinista es un ejercicio literario del Club Epojé

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Por: Simpática Redondo* PS


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Club de escritura Epojé. Escribimos para cine
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El camino de una mujer


Son trescientos metros, no es más, tranquila. No lo mires, no lo mires, no lo mires…


Cuando te hicieron la prueba no te preguntaron. Nadie lo sabe, bueno, solamente él. Eso y nadie es prácticamente lo mismo. Él sí, te olvidó. Tú todavía no ¿o sí? Él por lo menos te olvidó porque quería ser libre. Te olvidó porque lo desbordaste, lo anulaste con tu egoísmo. Era tu vida o la de él y tu vida no era para él….


El único que entiende que tú no ves el verde como lo ven los demás es el facultativo que diagnosticó la irreversible terquedad de tus ojos. El semáforo dice rojo, lo sabes. Es el círculo de arriba el que irradia la luz, la bombilla; la ansiedad de todos resumida en un corto momento. 


Debes cruzar sin que el agente de tránsito note tu presencia. Si la cámara que ya te captó en el acto te sanciona, porque el azar quiso que un funcionario humano detectara la infracción, asumirás tu responsabilidad y pagarás la multa. Es la vida de tu hija y darás la vida por ella…


Mariana tose sin explicación, hay esperanza. Algo hizo que se tragara cualquier cosa y no pudiste sacarla de su garganta hace exactamente dos minutos. Se queda sin aire. No tienes licencia de conducción y este brillante Renault 4 pasa de primera a segunda con la fuerza indómita de tu brazo izquierdo. Con tu mano derecha sostienes el volante y con tu codo derecho levantas la cabecita de Mariana.


Respira hija, respira…


Ya casi llegas donde Jaime, quiéralo o no el agente que cumple con su trabajo. Quiéralo o no la ley…


-Señorita, sus papeles, por favor…

-Señora, mire…


Mariana Sepúlveda Rodríguez abandonó este plano a las tres y treinta y siete pm. Su corazón dejó de latir. Las observaciones del Instituto de Medicina Legal permiten concluir que la bebé pudo salvarse, si la niña, en su linda inocencia, no hubiera intentado sacarle todo el jugo a la semilla del fruto que los especialistas sacaron del comienzo de sus sistema digestivo. 


Una mamá zurda decide salvar a su hija y elige un camino... por la izquierda
Una mamá protege a su hija... ¿por la izquierda? Imagen creada con GeminiAI

Mariana es un Ángel más en este hermoso mundo, cuya responsabilidad de salvar ya no estará en sus manos. Ni en las tuyas. Te cansaste de ser zurda en un mundo para diestros. FIN 


"¿Por la izquierda?" es un cuento imaginado, escrito, redactado, corregido y publicado sin la asistencia de alguna inteligencia artificial. El autor no autoriza que sea empleado para entrenar cualquier inteligencia artificial sin un previo aviso. El relato también está registrado en Safe Creative Org y todos los derechos pertenecen al autor.

La imagen de esta publicación fue creada con la asistencia entre un humano y GeminiAI de Google.


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