- ElRelatoDelDomingo

- hace 6 horas
Este relato es dedicado a Gloria Rafaela Sarrazola.
Fue un pedazo de mierda en la fría piedra asfáltica la que los llamó, a las tres menos tres. Desde ese día, ni Godog ni Juliana han dejado de ser el uno para la otra.
Godog protege su propia vida, sin la convicción de ella y protege la vida de ella, a pesar de ella misma y su irrevocable torpeza. No ha nacido el poeta que cante mejor el amor que este amor entre ambos, protegida por la unión irrevocable de su destino.
Juliana perdió la vista por una confabulación genética y un descuido. Vio y conoció el mundo hasta los 20 años y recuerda con nostalgia el poder de los colores. Godog es reloj, alarma y ruta, es guía y compañía. Y su fuerza, capaz de trasladar los troncos de un árbol de un extremo del bosque a otro, le ha dado la confianza a Juliana para sentirse segura cuando debe visitar el centro de ayuda especial donde sagradamente registra que sigue viva. Fue allí donde conoció a un grupo de personas que la escuchan y deciden, día a día seguir su vida para no rendirse en la espesa lucha contra la adicción.
Juliana no es psicóloga aunque sí. Ella simplemente les narra los cuentos que su imaginación construye y les dice, una vez cada quince días, que todas las mañanas hay una nueva oportunidad.
En la honrada privacidad que han construido juntos, una complicidad eterna les permite escuchar mejor las creativas pulsiones armónicas de las orquestas que suenan en la máquina de acetatos. Los discos del abuelo están prohibidos para los colmillos de Godog y cuando comienza la canción, sabe que es momento de calentar cualquiera de los tobillos de Juliana con el pelo inquieto de su espalda.

Ambos escuchan mejor que lo músicos intérpretes; ambos han sido entrenados por la vida para sentir intensamente cualquier vibración sonora.
-Gody, mi amor, cuando no ves, las hormigas retumban...
La suave piel de los nudillos de Juliana conoció la saliva de este cazador en retiro cuando acudió a ella aquella tarde en el suelo. Godog, sin conocerla, e impidió que el rostro de nuestra heroína se llenara de mierda. Fue como si dijera: acá llegué yo primero, yo lo olfatee primero, señorita, levántese y lléveme con usted…
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Autor: Luis Felipe Jiménez, Medellín y Bogotá, 2026. Todos los derechos reservados. Este cuento ha sido registrado en dos plataformas que protegen los derechos de autor. La fuente de la imagen es WIX


