top of page
Blog: Blog2
  • Instagram
  • Facebook
  • YouTube
  • Tik Tok

No es por prudencia que le dicen "Sigi". Es porque “Sigifredo” resultó siempre muy largo para el poco tiempo que Sigi suele permanecer en las reuniones. Pocas veces alguien nota que se fue y solamente quienes lo quieren, perciben su ausencia. 


Sigi tuvo un plan y está dispuesto a ejecutarlo. Lo único que lo separa del éxito es la triste encadenación de los segundos. A su juicio, cada vez es más difícil llegar hasta allá, sin ser desapercibido.


Camiseta blanca debajo de una camiseta negra, zapatos con suela flexible de caucho, un gorro que oculta su larga melena y mucho valor. Sigi sale de su apartamento, llega al banco, paga la última cuota, le agradece a la señorita que amablemente lo hizo esperar y busca la calle donde un vehículo de transporte público lo lleva hasta el lugar de los hechos. 


Se identifica y un guardia de seguridad disimula que revisa el documento, pero ni lo mira. Sigi es inconfundible más por la rigurosidad de sus visitas que por su aspecto físico. El guardia no lo saluda con amistad, sino con protocolo. Un simple “adelante” le da paso.


El andamio está ahí, intacto, como si esperara el retoque final de la pintura. Sigi solamente desajustó uno de los tornillos, el menos oxidado. Hace falta un poco de fuerza para que la tabla que hace el equilibro del peso de los pintores se deslice y caigan todos. Sigi no les quiere dar el crédito de lo que considera su hazaña. Viene solo y sólo se irá. 


No les permitirá llevarse una sola gota de heroísmo y, aunque quiere pasar a la historia, no quiere que sus verdugos se lleven el crédito.


Son las seis en punto de la mañana, el sol bogotano ya comenzó a esparcir el rocío. En el campus universitario todavía quedan los recuerdos de la reunión clandestina de la noche anterior. Se repitió la palabra “sistema” con ansiedad y con esperanza. Para Sigi, todos estaban equivocados. El silencio era el precio que había que pagar. Se prometió no intentar ningún cambio de opinión, se prometió dejar de persuadir a los demás. Por eso se infiltró.


En la carta que lleva en su bolsillo hay una única explicación. En el resto del cuerpo de Sigi no hay ninguna esperanza distinta a que alguien le informe a su tía, la mujer que fue su madre en vida. Su Sigi decidió retirarse. La  ingeniería pudo haber sido su camino, pero Nubia Estela difícilmente perdonará este abandono. El duelo de su ausencia, para Sigi, fue la última motivación que lo contuvo hasta que tomó la decisión de decir, en esta carta: 


“Gracias Mamanú, te amo”


El proyectil que pudo haber quitado la vida de Sigifredo Gómez está frío. No alcanza a salir de la cintura del energúmeno que observó el desafío. El cuerpo cae solo por la genuina inercia gravitatoria. Sólo a Sìgi podrá adjudicársele su propia muerte. 


La antigua imagen del Ché Guevara ya es un cúmulo de pintura verde esparcida con aerosol, en desorden y sin estilo. En uno de los fragmentos de la última carta dice textualmente:


“Mejor una mancha verde que un asesino…”


La última carta de Sigifredo Gómez fue escrita a mano y tiene una única destinataria...
La última carta de Sigifredo Gómez fue escrita a mano

Este relato de ficción fue escrito en Bogotá, Colombia por Luis Felipe Jiménez. Ha sido registrado en dos plataformas que protegen los derechos de autor. © 2026

La fuente de la imagen pertenece al catálogo de multimedia wix


Este relato es dedicado a Gloria Rafaela Sarrazola.


Fue un pedazo de mierda en la fría piedra asfáltica la que los llamó, a las tres menos tres. Desde ese día, ni Godog ni Juliana han dejado de ser el uno para la otra. 


Godog protege su propia vida, sin la convicción de ella y protege la vida de ella, a pesar de ella misma y su irrevocable torpeza. No ha nacido el poeta que cante mejor el amor que este amor entre ambos, protegida por la unión irrevocable de su destino. 


Juliana perdió la vista por una confabulación genética y un descuido. Vio y conoció el mundo hasta los 20 años y recuerda con nostalgia el poder de los colores. Godog es reloj, alarma y ruta, es guía y compañía. Y su fuerza, capaz de trasladar los troncos de un árbol de un extremo del bosque a otro, le ha dado la confianza a Juliana para sentirse segura cuando debe visitar el centro de ayuda especial donde sagradamente registra que sigue viva. Fue allí donde conoció a un grupo de personas que la escuchan y deciden, día a día seguir su vida para no rendirse en la espesa lucha contra la adicción. 


Juliana no es psicóloga aunque sí. Ella simplemente les narra los cuentos que su imaginación construye y les dice, una vez cada quince días, que todas las mañanas hay una nueva oportunidad. 


En la honrada privacidad que han construido juntos, una complicidad eterna les permite escuchar mejor las creativas pulsiones armónicas de las orquestas que suenan en la máquina de acetatos. Los discos del abuelo están prohibidos para los colmillos de Godog y cuando comienza la canción, sabe que es momento de calentar cualquiera de los tobillos de Juliana con el pelo inquieto de su espalda. 


Juliana y Godog unidos eternamente...
Godog y Juliana eternamente

Ambos escuchan mejor que lo músicos intérpretes; ambos han sido entrenados por la vida para sentir intensamente cualquier vibración sonora. 


-Gody, mi amor, cuando no ves, las hormigas retumban... 


La suave piel de los nudillos de Juliana conoció la saliva de este cazador en retiro cuando acudió a ella aquella tarde en el suelo. Godog, sin conocerla, e impidió que el rostro de nuestra heroína se llenara de mierda. Fue como si dijera: acá llegué yo primero, yo lo olfatee primero, señorita, levántese y lléveme con usted…



Adquiere acá el relato completo en el libro de #ElRelatodelDomingo. Co-patrocina con otras personas lectoras o garantiza desde ya una copia exclusiva y personalizada.


Autor: Luis Felipe Jiménez, Medellín y Bogotá, 2026. Todos los derechos reservados. Este cuento ha sido registrado en dos plataformas que protegen los derechos de autor. La fuente de la imagen es WIX

Esta, esta, esta, esta…

Esta pinche corbata fue la mejor inversión que he hecho en mi vida, en mi jodida vida...


La corbata puede ser una estafa
La corbata es una historia de ficción inspirada en dos situaciones reales.

El espejo no se permite confirmar la apreciación porque considera al beige disonante con ese naranja insípido y sí pudiera intuir, pero no puede, porque los espejos no intuyen, ellos solamente lanzan cuestionables certezas, intuiría que esta tarde, a Rey Augusto Fernando la corbata no le lucirá como él cree. Tampoco podrá decirle que esa tampoco le ofrecerá la distancia suficiente para ser desapercibido. 


Ahora sí, si con esa vieja corbata levanté lo que levanté; con esta me como el mundo y por fin terminaremos la casita que hemos ido construyendo con las uñas.


Con la displicencia del cómodo, la estrategia del gato y la efervescencia de la mariposa, Rey Fernando entra al recinto y deposita un sobre blanco con un billete falso. La cifra confundirá al encargado de sumar las ofrendas y lo llenará de ilusión.

Cuando se dispone en sentarse en el ala central, frente a la imagen de un Jesús amoroso, se dice: 


“Dios, perdóname…”


y, acto seguido, sin que doña Gleidys lo note, hurta de su cartera un reloj que fue custodiado por su familia durante casi ya un siglo. 

Autor: Luis Felipe Jiménez


Recibe novedades y ofertas del Relato del Domingo

¡Gracias por tu mensaje! Ve a tu correo y confirma tu suscripción 

©2024 por El Relato del Domingo

bottom of page